Sexo vs. Rendimiento: ir a la cama a pasar un examen

Hombre sentado en el borde de una cama en una habitación cálida de Barcelona, reflexionando sobre la sexualidad y el rendimiento.

El pasado viernes facilité un espacio de encuentro con un grupo muy diverso de hombres (gais, heteros, bi, personas no binarias) donde hablamos sobre pornografía, sexualidad y masculinidad.

Resultó muy revelador ser testigo de cómo, al cerrar la puerta, desapareció la necesidad de competir o de demostrar quién tenía más actividad. Lo primero que se hizo verdaderamente presente en la sala fue un cansancio compartido.

Aparece la vivencia de estar compartiendo un momento íntimo mientras la cabeza está completamente desconectada de la piel. Se vive desde fuera. Evaluando de forma constante si la erección se mantiene, si el ritmo es el adecuado o si se está dando la talla, sin estar en el momento.

Así, olvidamos por completo a la otra persona. Se pierde la presencia y la conexión. El sexo deja de ser un espacio compartido para convertirse en un monólogo donde quien tienes delante es, únicamente, una persona espectadora de tu rendimiento.

Ficción de pantalla frente a vida real

No se trata de demonizar el porno. Se trata de nombrar lo evidente: el porno es una ficción y nuestra sexualidad es la vida real.

Cuando intentamos encajar la vida en las lógicas de la pantalla, acabamos reproduciendo, casi sin darnos cuenta, dinámicas de poder, de control y de violencia.

Aprendemos que el placer equivale a una ejecución mecánica, sin pausas, donde la ternura, la calma o la duda tienen poco lugar. Es un guión que nos agota, donde la otra persona deja de ser alguien con quien compartir placer para convertirse en un escenario donde validarnos.

Reconocer esto exige mirar de frente nuestra propia inercia. No para castigarnos inútilmente, sino para asumir, como adultos, la responsabilidad del impacto que estas dinámicas tienen en la otra persona y en nosotros mismos.

Se trata de poner conciencia sobre cómo nos sentimos, cómo nos relacionamos y cómo todo este guión aprendido interfiere en nuestra forma de percibir los vínculos.

Solo después de asumir esta responsabilidad aparece el espacio real para preguntarnos: ¿Qué quiero hacer con esto? ¿Qué inercias decido mantener en mi vida íntima y cuáles necesito empezar a eliminar?

Y, lo más importante: ¿qué decisión firme tomo hoy para asegurarme de no volver a reproducir dinámicas que resulten dañinas o violentas ni para la otra persona ni para mí?

Un espacio de atención a tu propio ritmo

En mi consulta de Barcelona (y en modalidad online), miramos estos automatismos sin juicios ni lecciones morales.

No para decirte cómo deberías desear o relacionarte, sino para entender tu forma de funcionar y acompañarte a encontrar cómo conectar tu cuerpo y tu intimidad a tu ritmo.

Si crees que es el momento de tener un espacio de pausa donde no tengas que demostrar nada ni dar explicaciones de más, hablemos.

⏱ ️ Siguiente paso: Reserva una valoración gratuita de 10 minutos por videoconferencia para conocernos y valorar juntos si este espacio encaja con lo que buscas.

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