Hombres bisex: ni aquí, ni allí

Hombre bisexual en Barcelona bajo iluminación cinemática en el Día de la Visibilidad Bisexual

Esa extraña sensación de pertenecer a medias

A menudo, en mi espacio de acompañamiento en Barcelona, escucho a hombres bisexuales describir una soledad muy particular. No es la soledad de no tener a nadie cerca, sino la de estar rodeado de gente y sentir que nunca terminas de encajar del todo. Es la sensación de estar “ni aquí, ni allí”.

La presión de tener que justificar siempre quién eres

En sesión individual se repite que este malestar no nace únicamente de chocar contra prejuicios, sino de algo más silencioso: el borrado, invisibilizado. En la mayoría de espacios se da por hecho, a priori, que la bisexualidad no existe como una realidad propia. El entorno te clasifica automáticamente en un lado o en el otro según quién tengas al lado, obligándote a estar recordando continuamente que existes y que tu deseo no es un fantasma.
 
Por un lado, en entornos de hombres heterosexuales a menudo te encuentras con la incomprensión que da el privilegio normativo. Como tu experiencia se sale de lo que para ellos es habitual, omites detalles. No compartes ciertas anécdotas para no incomodar o no tener que dar explicaciones que siempre se repiten y ya agotan.
 
Por otro lado, cuando estás en entornos gais, la sensación no siempre mejora. Con bastante frecuencia aparece la trampa de la temporalidad: miradas o comentarios que asumen que tu deseo es solo una etapa de paso hacia una casilla definitiva, una falta de decisión, o que simplemente has “salido del armario a medias”. Como si la vida afectiva tuviera que ser un recorrido estático y en línea recta, sin espacio para los matices o los cambios a lo largo de los años.
 

Un espacio para dejar de dar explicaciones

Sentir que tienes que dar explicaciones en ambos lados resulta profundamente agotador y, a menudo, acaba generando una gran resignación.

El entorno te exige etiquetas claras y limitantes para entenderte, como si hubiera una sola manera válida de ser heterosexual, bisexual o gay. Como si la sexualidad o la vida personal tuviera que ser algo estático a lo largo de los años y no pudieran existir cambios o matices. Frente a esa presión, tú has desarrollado la habilidad de medir tus palabras para evitar el conflicto, pero ¿a qué coste?

Esta tensión continua por demostrar que tu deseo es real te va consumiendo la energía poco a poco, dejándote con una sensación de soledad inmensa, incluso cuando estás rodeado de gente.

Si reconoces este desgaste en tu día a día y sientes que es el momento de dejar de cargarlo a solas, te ofrezco un entorno relajado para conversar.

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